Juan
Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, hijo, nieto y bisnieto de
generales, parecía tener trazado el futuro desde su infancia. En el año
1944 ingresó a la Escuela Militar, donde destacó como un alumno
aventajado, y se transformó en uno de los preferidos del entonces
teniente Augusto Pinochet Ugarte. El “Mamo”, como pasó tristemente a la
historia, fue el fundador de la Dirección de Inteligencia Nacional,
DINA. Hoy Contreras acaba de ser incinerado y se llevó consigo los
secretos de uno de los periodos más oscuros del país. Esta es la
historia del ascenso y caída del jefe máximo del organismo, responsable
de la muerte y desaparición de miles de opositores a Pinochet.
El 1º de mayo de 1938, los nazis –colonos o chilenos de origen alemán
radicados en el sur- desfilaron por las calles de Puerto Montt vistiendo
el uniforme de las S.S., las tropas de asalto hitlerianas. Jóvenes y no
tan jóvenes lucían camisas pardas; llevaban dagas y al costado derecho
del cinturón, un revólver. En el izquierdo, un laque de goma fundida.
Algo
similar se vivía en Osorno, donde los muchachos de los colegios
alemanes, acompañados por sus profesores, marchaban a menudo por el
centro de la ciudad. Un niño de nueve años, alumno de tercera
preparatoria del Liceo de Osorno, observaba a menudo esos desfiles. Su
nombre era Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda. Había nacido en
1929 y sus primeros estudios básicos los cursó en el Instituto Inglés de
Macul, en Santiago, pero su padre fue trasladado a Osorno, hacia donde
partió junto con su madre, Aída Sepúlveda Cubillos.
El pequeño
Juan Manuel era un niño fraguado para el Ejército. Hijo, nieto y
bisnieto de militares, con un hermano marino, reunía todas las
cualidades requeridas para llegar a los altos mandos de la institución.
Su abuelo, Manuel Contreras Canelo, fue soldado del regimiento Séptimo
de Línea “Esmeralda” en la Guerra del Pacífico y luchó en las batallas
de Tacna, Chorrillos y Miraflores. Luego, en 1891 participó en la guerra
civil y perdió una pierna en la batalla de Placilla. Su padre, en
tanto, Manuel Contreras Morales, alcanzó el grado de coronel.
Desde
1944, año en que ingresó a la Escuela Militar, Juan Manuel Contreras
ocupó todos los primeros puestos posibles en los cursos que debió
realizar: primera antigüedad en su promoción, primer lugar en el curso
básico de oficial subalterno, primer puesto en el curso regular de
Estado Mayor de la Academia de Guerra, primer lugar en el curso de
Estado Mayor realizado en Fort Benning, base de la Escuela de Infantería
del ejército estadounidense.
Apenas llegó a la Escuela Militar, un
joven oficial se fijó en Contreras y lo transformó en uno de sus
preferidos. Era el entonces teniente Augusto Pinochet Ugarte. Manuel
Contreras pasó sin tropiezos, con soltura incluso, todas las vallas
exigidas por los instructores y maestros en su carrera hacia la cima del
Ejército. De su cuerpo emanaba lo que entre los oficiales se conoce
como “el perfume a General”.
Contreras egresó de la Escuela
Militar, con la primera antigüedad, el 23 de diciembre de 1947. Como
alférez, fue destinado al regimiento de Ingeniería N° 2 “Aconcagua”, con
asiento en Quillota. En una plaza de esta ciudad, conoció a María
Teresa Valdebenito Stevenson, hija de un almirante y estudiante de las
monjas Inglesas de Valparaíso. Con ella se casó en 1953. El apellido
Valdebenito era muy conocido en la ciudad de las paltas y de las
chirimoyas. Entre 1938 y 1939, Vasco Valdebenito García había sido su
alcalde y más tarde diputado por Valparaíso en representación del
Partido Socialista.
En 1952 el teniente Contreras Sepúlveda llegó
destinado a la Escuela Militar, donde pasó a integrar la Compañía de
Ingenieros como instructor de zapadores. Un año después, en 1953, el
teniente Contreras, ya casado, marchó hacia su nuevo destino, la recién
inaugurada Escuela de Ingenieros de San Antonio, donde permaneció seis
años. Se marchó en 1959 con el grado de capitán y siendo padre de tres
hijas: Alejandra, María Teresa y Marianela, las que años más tarde se
casarían con oficiales del Ejército.
En 1960 ingresó al curso de
oficial de Estado Mayor en la Academia de Guerra, donde se reencontró
con el ahora capitán Augusto Pinochet, que era el subdirector de ese
instituto y que, además, se transformó en su primer profesor de
Estrategia. Los principales debates de los alumnos giraban en ese tiempo
en torno a la derrota del ejército francés en Indochina, a la represión
en Argel y a la revolución cubana, que había triunfado en 1959.
El
estado mayor francés aplicó en Argelia, desde mediados de los años 50’,
lo que denominó Doctrina de la Guerra Revolucionaria (DGR). El
comandante Paul Aussaresses dirigió una agrupación integrada por los
llamados “Escuadrones de la Muerte”, encargados de torturar y hacer
desaparecer a los rebeldes hechos prisioneros. Las fuerzas represivas
detuvieron a más de 24 mil argelinos e hicieron desaparecer a unos tres
mil de ellos. Funcionaron con estructuras de patrullas móviles que
actuaban al margen de todo marco legal. Muchos de los cuerpos de los
asesinados eran encontrados en las riberas del mar Mediterráneo, luego
de ser lanzados desde helicópteros por los comandos franceses.
Las
flagelaciones eran de tres tipos: golpes, electricidad en las zonas
genitales y otros órganos sensibles del cuerpo, e inmersión del
prisionero en agua o atragantándolo con líquido hasta la asfixia. Todos
los que participaban en actos considerados terroristas, eran ejecutados
sumariamente, y sus cuerpos disueltos en cal o enterrados en fosas
comunes que los oficiales más escrupulosos hacían cavar orientadas hacia
la Meca.
Limpieza política
Manuel Contreras egresó en 1962 de la Academia de Guerra como el mejor
alumno de su curso. Retornó a ese lugar en 1966 como profesor de
Inteligencia, en una época en que los tres grandes maestros de las
principales disciplinas militares allí impartidas eran René Schneider,
en Táctica; Carlos Prats, en Estrategia; y, Mario Sepúlveda Squella, en
Inteligencia.
Un año después, en 1967, Contreras consiguió una de
sus mayores ambiciones: viajar a Fort Benning para realizar el curso de
post grado de Estado Mayor. Su paso por el reputado fuerte
norteamericano, donde también se adiestraban los temibles rangers, que
eran enviados a la guerra de Vietnam. En 1969, siendo ya secretario de
Estudios de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes y teniendo el grado
de mayor, Contreras fue uno de los más entusiastas impulsores del
movimiento militar que culminó con el acuartelamiento del regimiento de
Artillería Nº 1 “Tacna”, encabezado por el general Roberto Viaux.
En
1970, Contreras fue designado secretario del Estado Mayor del Ejército y
al año siguiente viajó a Osorno para asumir el mando del regimiento de
Ingenieros Nº 4 “Arauco”. A fines de diciembre de 1972 retornó del sur
para asumir la dirección de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes,
mando militar que compartió con sus obligaciones docentes en la Academia
de Guerra. En su cátedra, junto a otros coroneles y la colaboración de
algunos capitanes, empezó a diseñar un aparato de inteligencia destinado
a desarticular los pilares de la Unidad Popular.
Contreras ya se
había contactado con los agentes de la CIA en Chile, quienes le enviaban
manuales de otras policías secretas, como la KCIA, de Corea del Sur;
la Savak, de Irán; el Servicio Nacional de Información, de Brasil; y,
los “Escuadrones de la Muerte”, dirigidos por los paracaidistas
franceses en Argelia. Los oficiales de la Academia de Guerra trazaron
planes para anular los ”cordones” industriales, bloquear las
comunicaciones y enfrentar la evidente resistencia que opondrían el MIR y
las brigadas de la Unidad Popular.
En la noche del 10 de
septiembre de 1973, el coronel Contreras comió en la casa del
comerciante Enrique Manzur, en las Rocas de Santo Domingo. Casi a la
misma hora, un destructor de la Armada llegó al puerto de San Antonio.
Coincidencia o no, el mando de esa nave lo ejercía el capitán Jorge
Contreras Sepúlveda, su hermano. En las semanas siguientes, se abocó a
revisar informes de inteligencia y documentos encontrados en las sedes
de los partidos de izquierda. Pidió listas de prisioneros, sugirió
arrestos, ordenó allanamientos, instruyó métodos para interrogar… Al
mismo tiempo, estructuró los soportes de la DINA y los planes para la
limpieza política del país.
Pese a ser en todos los grados de su
carrera militar un jefe particularmente exigente, en la vida privada, en
cambio, Contreras fue siempre una persona cordial y sencilla, hasta
descuidado en su vestimenta de civil y de gustos simples a la hora de
comer. Quienes le conocieron por aquellos tiempos, afirman que era muy
aficionado a los “causeos” y al vino tinto.
A fines de septiembre
de 1973, asistió a una reunión de la Comunidad de Inteligencia del
Estado Mayor de la Defensa Nacional. Todos los presentes sabían que el
coronel Contreras contaba con el respaldo del general Pinochet y que los
propósitos expuestos se iban a transformar en una nueva entidad, más
poderosa, más temible que cualquiera de los servicios de inteligencia
conocidos en Chile hasta ese instante.
De inmediato, Contreras se
puso al frente de una secreta dependencia donde acumuló grandes
volúmenes de documentos. Eran interminables cerros con listas de
detenidos. Era urgente saber lo más posible sobre los miembros del MIR,
el GAP, el PS, el PC, los extranjeros y los marxistas que estaban
tratando de pasar inadvertidos en las universidades, en las industrias,
en el gobierno. El coronel requería los mejores hombres no solo del
Ejército, sino también de la Armada, de la FACh, de Carabineros, de
Investigaciones y de civiles, de muchos civiles.
Contreras empezó a
revisar los últimos cursos de la Academia de Guerra, marcando a los que
tenían alguna preparación en inteligencia. Pensó en los oficiales que
le habían sido fieles, en sus conocidos, en los amigos, en los posibles
expertos civiles de los que le habían contado. El paso siguiente fue
empezar a pedir formalmente a las otras instituciones armadas que los
pusieran a su disposición.
Contreras seguía al mando de la Escuela
de Ingenieros. Los hombres elegidos se pusieron bajo su mando en las
últimas seis semanas de 1973; desde la sede del gobierno militar, en el
edificio Diego Portales, se ordenó transferirle a los civiles que
estaban colaborando en labores de inteligencia.
Tejas Verdes fue
un verdadero infierno entre septiembre de 1973 y marzo de 1974. Se
torturó hasta lo indecible. Los primeros cuadros de la DINA, que se
formaron en un excampamento de verano de la UP, en Santo Domingo,
practicaron métodos de interrogatorio y tormento con detenidos de la
zona o llevados desde Santiago.
Varios de los primeros
funcionarios de la DINA comenzaron a operar desde el segundo piso del
cerrado Congreso Nacional. El 8 de diciembre de 1973, el coronel Manuel
Contreras se trasladó a Marcoleta 90, muy cerca de Plaza Italia, en
Santiago. Ese edificio pasaría a ser el cuartel central de la DINA.
Al
iniciarse el mes de enero de 1974, varias decenas de hombres que habían
recibido formación básica en inteligencia viajaron a Santiago y a otras
ciudades importantes para sentar las bases de las nuevas brigadas
encargadas de la cacería de los militantes de partidos de izquierda. En
un comienzo, los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de
Carabineros, sin perder sus respectivas identidades, operaron sin
mayores problemas bajo el mando unificado de Contreras. Tal buen
entendimiento se prolongó hasta 1975, año en el que se institucionalizó
la Escuela de Inteligencia del Ejército y se estableció en el fundo Los
Morros de Nos.
El coronel Contreras no vio con buenos ojos que se
comenzara a establecer otra doctrina de inteligencia que la impartida en
la ENI, Escuela Nacional de Inteligencia, instituto de la DINA que
funcionaba desde 1974 en el ex fundo La Rinconada de Maipú. A tal
molestia de Contreras se debe agregar la creciente antipatía e
incompatibilidad que, desde fines de 1974, se empezó a producir entre el
coronel y el general Odlanier Mena, director de Inteligencia del
Ejército. En varias oportunidades, Mena se quejó ante el general
Pinochet de que resultaba inconcebible que un coronel tuviera
atribuciones mayores que las de los generales.
Entre 1975 y 1977,
las pugnas entre la DINA y las otras entidades de inteligencia se fueron
haciendo cada vez más insostenibles. Las situaciones conflictivas se
sucedían a diario, llegando incluso a pugilatos entre oficiales alumnos
de ambas escuelas de Inteligencia, particularmente cuando había de por
medio algunos tragos demás. En una oportunidad, en mayo de 1975, el
entonces mayor José Zara Holger, que prestaba servicios en la DINA,
encañonó con su revólver cargado y amartillado a un capitán que estaba
haciendo el Curso Básico de Inteligencia en Nos, al tiempo que le exigía
repetir que tal curso era una mierda.
En la Junta Calificadora de
Oficiales de 1976, el general Mena fue llamado a retiro, recibiendo
como premio de consuelo la embajada de Paraguay.
Contreras no solo
reprimió a los partidarios de Allende y de la Unidad Popular. También
se encargó de derribar cualquier sombra que le impidiera a Pinochet
conseguir el poder absoluto en el régimen militar. El periodista
Federico Willoughby, asesor de prensa y de imagen del dictador desde el
mismo 11 de septiembre de 1973, cuenta en sus memorias:
-Los
métodos de Contreras superan la ficción. Él mismo, defendiéndose de sus
innumerables crímenes y errores que dañaron al Gobierno Militar,
imprimiéndole el sello de dictadura, y al país, ha sido una fuente
inagotable de mentiras; usando la ficción para borrar las huellas de esa
increíble realidad que forjó en un desenfreno de sangre, intrigas y
delitos para tener más poder.
Contreras es, sin duda, un conocedor
de las debilidades humanas, por ese flanco trabajó su objetivo de
hacerse indispensable para el general y su familia. Su primera conquista
fue la señora Lucia Hiriart.
Los vencedores no se defienden
Los asesinatos del general Carlos Prats y de su esposa, en Buenos
Aires; de Orlando Letelier y de su secretaria, en Washington; el
atentado contra Bernardo Leighton y su mujer, en Roma; y, los crímenes,
desapariciones, torturas y excesos de todo tipo perpetrados en Chile y
en otros países de la región, socavaron a Contreras y la DINA. Desde el
mismo seno del gobierno militar y de los civiles que lo apoyaban
surgieron severas críticas a su proceder, insistiendo en que el coronel
estaba provocando graves daños al régimen en el exterior, lo que ponía
en riesgo la continuidad del “proceso restaurador” iniciado por las
Fuerzas Armadas.
A fines de 1974 el coronel Contreras había
decidido ampliar su ámbito de acción a los países europeos que
albergaban exiliados chilenos. El mayor Hugo Prado Contreras, adscrito a
la DINA, fue comisionado para tomar contacto con los grupos de
ultraderecha europeos. La Falange Española, los Guerrilleros de Cristo
Rey, Fuerza Nueva y el Centro Español de Amigos de Europa, Cedade, en
España; Nouvelle Ecole, en Francia; y Avanguardia Nazionale y Ordine
Nero, en Italia, fueron algunos de los más importantes nexos
establecidos por el mayor Prado.
En septiembre de 1975, el
exsargento de Carabineros de Chile, José Cuevas Segura, fue presentado
en Madrid como ‘”el señor comandante Cárdenas, del Ejército chileno’”,
ante los Guerrilleros de Cristo Rey. Cuevas había sido chofer de Manuel
Contreras en la DINA desde 1974. Era de mejor apostura que el común de
los suboficiales de Carabineros y su nivel de trato con altas esferas
era aceptable. Podía pasar como “el comandante Cárdenas” y no abrir la
boca más que para hablar de “la cruzada chilena en contra del comunismo
internacional”.
En América del Sur, mientras, apoyado por la CIA,
Contreras puso en marcha en 1975 el llamado Plan Cóndor, una
multinacional de la represión que empezó a funcionar en Brasil,
Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú, Argentina y Chile, empresa que dejó
decenas de muertos y desaparecidos.
Todos los planes de Contreras
se vinieron al suelo en 1977, cuando aumentó la presión del gobierno
estadounidense debido al asesinato de Orlando Letelier. La caída fue
vertiginosa y pese a la resistencia del coronel, los hechos se
precipitaron rápidamente.
En julio de 1977, el FBI detuvo a
algunos cubanos anticastristas que reconocieron a Michael Townley como
el sujeto rubio que había participado en el atentado. Ese mismo mes,
Pinochet comunicó a Contreras su decisión de terminar con la DINA,
anuncio que se hizo público el 12 de agosto.
En noviembre de 1977, el general Pinochet convocó a su despacho al coronel.
-Dime Mamo, dónde quieres que te destine. Elige lo que quieras-, ofreció Pinochet.
-Mi decisión está tomada, general: el Comando de Ingenieros-, replicó.
Pocos
días después, una delegación de oficiales del arma de Ingeniería, llegó
hasta el Comando, en calle Santo Domingo, en Santiago.
-Soy un
oficial disciplinado. Si mi general Pinochet tomó la decisión de
terminar con la DINA, por algo será. Él es el comandante del Ejército.
Yo ahora dedicaré todos mis esfuerzos a conseguir que la mayor cantidad
de oficiales del arma de Ingenieros ingrese a la Academia de Guerra y
llegue a los altos mandos de nuestra institución-, les dijo Contreras.
El
“Mamo” había diseñado un nuevo camino para llegar al poder: copar el
alto mando del Ejército con oficiales que le fueran fieles a todo
evento. Sus planes, sin embargo, fracasaron. El 20 de marzo de 1978,
Contreras fue llamado al despacho del vicecomandante del Ejército, el
general Carlos Forestier, quien le comunicó, por decisión de Pinochet,
su baja inmediata del Ejército.
Aquella noche todas las luces de
su residencia en la avenida Príncipe de Gales se encendieron para
recibir a quienes llegaban a solidarizar con Contreras. A los oficiales
de la DINA, se sumaron mandos de la FACh, de Carabineros e incluso el
ministro de Defensa, el general Herman Brady. Cerca de las 22:00 horas
ingresó Lucía Hiriart, que abrazó efusivamente al general en desgracia.
Los
nombres de los generales Sergio Covarrubias, René Vidal y René
Escauriaza sonaron en los pasillos y en los jardines. Se les culpaba de
estar aliados con los ministros civiles y con Jaime Guzmán, el
influyente líder gremialista, asesor de Pinochet y enemigo
irreconciliable del ahora exjefe de la DINA.
En las dos semanas
siguientes Townley, arrinconado por todos, decidió ponerse a disposición
de Odlanier Mena; mientras, en Estados Unidos, emisarios de Pinochet
acordaban los términos para la entrega del agente de la DINA que
aparecía como el autor material del asesinato de Letelier.
Contreras
reapareció el 20 de abril para dirigirse por vía aérea a Punta Arenas y
embarcar 23 maletas en el carguero alemán Badenstein rumbo al puerto de
Hamburgo. Otros bultos misteriosos los envió a través de Lufthansa con
destino Nueva York-Frankfort. Versiones posteriores indicaron que la
carga que iba en Lufthansa fue transferida a Braniff e interceptada en
Nueva York por el FBI. Sobre su contenido, hasta ahora nada se ha
sabido.}
A fines de julio, la justicia chilena ordenó el arresto
de Contreras, Pedro Espinoza, Armando Fernández Larios y Vianel
Valdivieso. La resistencia fue mínima y solo verbal. El 2 de agosto los
cuatro se instalaron en el Hospital Militar.
Manuel Contreras
había previsto su retiro y el de sus hombres. Para ello creó una
sociedad de responsabilidad limitada destinada a dotar de casas a todos
los miembros del estado mayor de la DINA. También, en sociedad con
Vianel Valdivieso -Víctor Víctor, como le decían – formó la empresa
CONAS, dedicada a los servicios de ingeniería y mantenimiento. Otras
empresas bajo el control de Contreras al iniciarse los años 80 eran
Conapala, una compraventa de automóviles; Enelectro, de artículos
electrodomésticos; Impromet, en el rubro de la metalurgia; y, su empresa
regalona: Servicios de Asesorías Integrales Alfa-Omega Ltda.
El
general decidió instalarse en el 3º piso de Santa Lucía 270, en unas
oficinas que arrendó a su amigo y ex agente DINA, Eduardo Romero Olmedo,
que había sido dirigente de los camioneros durante la Unidad Popular,
época en que se hizo muy amigo de Contreras.
En 1981, poco antes
de que Alfa Omega entrara en su fase terminal, Contreras había logrado
reunir junto a él a los generales en retiro Galvarino Mandujano y, Pablo
Schaffauser Acuña, ambos del arma de ingenieros; Agustín Toro Dávila,
de infantería; y, al coronel Ramón Larraín. Entre sus principales
clientes estaban la discoteca Eve, la planta de Vicuña Mackenna de IRT y
numerosas financieras pequeñas.
En uno de aquellos días,
Contreras, con algunos tragos en el cuerpo después de concluir una
comida de camaradería con sus colaboradores de Alfa Omega, se emocionó
al recordar los funerales del generalísimo Francisco Franco en 1975.
Narró que miles de falangistas luciendo sus camisas azules saludaron con
el brazo en alto el entierro del gobernante español en el Valle de los
Caídos, mientras entonaban el ‘‘Cara al Sol’’, himno de la Falange que
fundara José Antonio Primo de Rivera.
Contreras, con lágrimas en los ojos, comentó:
-¡Esa es la mística que necesitamos en Chile!
-¡Tómese el gobierno mi general, nosotros lo apoyamos!-, lo instó uno de sus asesores.
El general pareció reflexionar algunos segundos. Luego, respondió:
-No; mi lealtad hacia mi general Pinochet es irrestricta, pero les
aseguro que voy a quitar de circulación a esos cabrones de los
gremialistas.
-General, ¿usted es católico?
-Católico observante.
-Es decir, ¿jura que la DINA ni usted tuvieron nada que ver en el caso Letelier?
-Se lo juro.
La
noche del lunes 25 de marzo de 1991, el general (R) Manuel Contreras
concedió una entrevista al periodista Pablo Honorato, emitida a través
de Canal 13 de televisión. El ex jefe de la DINA intentó desacreditar el
recién difundido informe final de la Comisión Rettig sobre las
violaciones a los derechos humanos registradas en Chile entre 1973 y
1989.
-¿Usted no reconoce que haya detenidos desaparecidos?
-No existen los detenidos desaparecidos en una guerra subversiva, y esta fue una guerra subversiva.
Contreras
dijo en aquella oportunidad que “el general Pinochet sabía de todo lo
que le informaba y yo le informaba de todo lo que hacía la DINA”.
Insistió, además, en culpar a la CIA y a Michael Townley de los
asesinatos de Orlando Letelier y del general Carlos Prats.
Contreras,
presionado por las pruebas acumuladas en su contra por el ministro
Adolfo Bañados en la investigación del asesinato de Orlando Letelier
empezó lentamente a variar su estrategia de defensa. Culpó al ex capitán
Armando Fernández Larios de ser un “narcotraficante” al servicio del
FBI, aseguró que nunca había sido nombrado director de la DINA y que
esta dependía de la Junta Militar de Gobierno y luego del Ministerio del
Interior.
En noviembre de 1993 el ministro Bañados dictó
sentencia: siete años de prisión para Contreras y seis para Pedro
Espinoza, como autores intelectuales del asesinato de Orlando Letelier.
No obstante, la Cuarta Sala de la Corte Suprema debía confirmar o
modificar el fallo. Los alegatos fueron fijados para el 25 y 26 de enero
de 1995 y serían transmitidos en directo por la televisión.
Contreras
se instaló en el fundo Viejo Roble, en Huempeleo, en las cercanías de
Fresia, en la provincia de Osorno. Allí lo acompañaban su pareja, Nélida
Gutiérrez, su ex secretaria en la DINA; sus hijas Alejandra, María
Teresa y Marianela; y, su hijo, Manuel Contreras Valdebenito.
El
30 de mayo, finalmente, la Cuarta Sala de la Corte Suprema ratificó la
sentencia. Aquella misma noche Contreras apareció en las pantallas de
Canal 13: “Yo no voy a ir a ninguna cárcel mientras no haya una justicia
real. Me encuentro perfectamente bien y como lo he dicho siempre, soy
inocente. Y en este momento no me defiendo en forma personal, pues los
vencedores no se defienden porque son los que escriben la historia”.
En
los cinco meses siguientes se vivieron varios de los episodios más
tensos de la transición a la democracia. Hubo momentos en que el
descalabro pareció inminente. Contreras se refugió en un momento en el
regimiento “Sangra”, en Puerto Montt, luego se trasladó al Hospital
Naval y finalmente aceptó ir a Punta Peuco, pero vigilado allí por
militares, no por Gendarmería.
Casi dos años después, el 23 de
diciembre de 1997, presentó ante la Corte Suprema un recurso de revisión
de la sentencia que lo había condenado. Allí, el ex jefe de la DINA
intentó demostrar que él era solo un subordinado del general Augusto
Pinochet y, como tal, le debía obediencia jerárquica. Fue la primera vez
que Contreras vinculó al dictador a la dirección política y militar de
la DINA.
A esa altura de su condena, Contreras había bajado cerca
de 40 kilos de peso. Pasaba casi todo el día escribiendo en su
computador conectado a Internet. Disponía de un teléfono que le permitía
comunicarse con el exterior. Pinochet, instalado ya en el Senado, no
contestaba sus llamadas.
El
lunes 10 de abril de 2000, Contreras dio un nuevo paso en su defensa y
recibió con pan amasado y té humeante a cuatro fiscales estadounidenses,
a los que invitó a la cárcel de Punta Peuco para someterse –por su
propia voluntad- a un interrogatorio sobre el caso Letelier. El general
(R) habló durante tres horas en inglés y exhibió a los fiscales el
decreto que creó a la DINA donde se establece que el organismo dependía
de Pinochet.
En noviembre de 2002, Contreras, ya nuevamente en
libertad, acudió a los tribunales a declarar ante la jueza Olga Pérez,
quien investigaba el asesinato del ex químico de la DINA, Eugenio
Berríos. Allí, el general (R) afirmó que Pinochet había ordenado sacar a
Berríos de Chile para proteger a su hijo, Marco Antonio Pinochet,
involucrado con Berríos y otras personas en algunos negocios turbios
relacionados con el tráfico de cocaína.
El 11 de septiembre de
2004, a través de la Revista El Sábado del diario El Mercurio, Manuel
Contreras volvió a embestir contra Pinochet: Pinochet nos dejó
absolutamente solos. ¡A todos! Nos dejó absolutamente solos, perdió la
oportunidad de haber sido un líder. En esa misma entrevista, concedida a
la periodista Cherie Zalaquett, Contreras comentó que a fines del 73
tenía tres posibilidades: la DINA, la Academia de Guerra o irme como
agregado militar por dos años. Le dije al general Pinochet: Lo que usted
ordene. Y me arrepiento. Si hoy pudiera volver a ese momento elegiría
cualquiera de las dos opciones, pero no la DINA. Yo no la elegí, solo
cumplí órdenes. Y si hubiera elegido cualquiera de las otras dos, no
tendría los problemas que he tenido ahora.
El miércoles 26 de
enero de 2005, Contreras empezó a cumplir una nueva condena en el penal
Cordillera. Ahí se le irían acumulando las sentencias. Poco antes de
morir arrastraba más de medio siglo en condenas.
En noviembre de
2007, acudió al penal el conductor del programa Enigma, de TVN,
Guillermo Muñoz para entrevistar a Contreras. Su primera pregunta y la
respuesta recibida fueron elocuentes:
-¿Qué sintió cuando murió el general Pinochet?
-Nada.
(*)
Autor, entre otros, de los libros “La historia oculta del régimen
militar”, junto a Ascanio Cavallo y Oscar Sepúlveda; “Contreras.
Historia de un intocable”; y, “Las letras del horror. La DINA





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